“Madame Curie”: De la radioactividad al ¡Alto a las armas! Del feminismo pacifista



Juliana Ramírez

julianaramirez@politicas.unam.mx

Mirely Gómez

mirelygv@politicas.unam.mx


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“Madame Curie” (2019) es una película dirigida por la cineasta, actriz, ilustradora y escritora iraní Marjane Satrapi, quien es conocida por ser directora de la película “Persépolis” (2007). Este filme es resultado de la adaptación del cómic “Radioactive: Marie & Pierre Curie, A tale of Love and Fallout” (por su traducción en español, “Radiactividad: Marie y Pierre Curie, una historia de amor y sus consecuencias”), escrito por la artista estadunidense Lauren Redniss.

La película fue estrenada en Netflix el pasado 15 de abril de 2021 y, a menos de una semana de su estreno, se convirtió en una de las cintas más vistas en la plataforma. Lo que pretende el presente artículo es rescatar lo que en la película se hace presente en todo momento: la importancia del desarrollo científico moderno tras los descubrimientos de la “Madre de la Física Moderna” Maria Salomea Sklodowska (1867-1934) ―mejor conocida como Marie Curie― y, a partir de ello, analizar la proliferación de armas nucleares a nivel internacional, así como la lucha de las mujeres por la paz y el desarme actualmente.

En la cinta se hace explícito el contexto patriarcal y machista en el que la física, química, matemática y académica Marie Curie, busca hacer ciencia. Ella inició sus investigaciones a partir del descubrimiento de la radiación emitida por los minerales de Uranio, realizado por el físico francés Henri Becquerel en 1896. Sus indagaciones científicas la llevaron a descubrir, en colaboración con su esposo Pierre Curie, dos nuevos elementos químicos: el Polonio y el Radio. Fue entonces que Marie Curie se dio cuenta de que el Polonio y el Radio emitían radiaciones aún más penetrantes que las del Uranio.

En 1903, derivado de la continuación de sus investigaciones científicas, Marie Curie llegó a la conclusión de que si se lograba separar el núcleo de un átomo de Radio y Polonio —elementos químicos del grupo de los actínidos que presentan radiactividad en sus núcleos— era posible obtener grandes cantidades de energía, capaces de traspasar la materia y de producir ionización o fluorescencia; a este fenómeno le llamó “radioactividad”. Fue en este mismo año que obtuvo su primer Premio Nobel de Física por tal descubrimiento; nominación que en un principio no había recibido por el hecho de ser mujer, pero que, al final, le fue reconocido solamente en colaboración con su esposo Pierre Curie y el físico francés Henri Becquerel. Posteriormente, en 1911, fue galardonada con el Premio Nobel de Química.

En el filme también se hacen explícitas las consecuencias del descubrimiento de la radioactividad años después de la muerte de Marie Curie. Se muestran escenas fácilmente identificables como: los ensayos de armas nucleares en Estados Unidos en 1945; los bombardeos atómicos ordenados por Estados Unidos en Hiroshima y Nagasaki durante la Segunda Guerra Mundial; el caso de un niño con cáncer que recibirá su primera radioterapia en los años 50; y el accidente nuclear de Chernóbil en 1986. Sin embargo, la película deja de lado  eventos bélicos más recientes como las tensiones y ensayos nucleares durante la Guerra Fría o la actual amenaza a la seguridad internacional causada por la proliferación de armas nucleares.

El escenario internacional se ha complejizado y, con él, el análisis de los conflictos armados en Relaciones Internacionales. Esto es porque la producción y adquisición de armamento de destrucción masiva de carácter nuclear, biológico y químico, utilizado para fines bélicos, ya no sólo corresponde a los Estados sino también a actores no estatales, lo cual representa una amenaza directa a la seguridad internacional y a toda forma de vida existente en el planeta. A ello hay que agregar que cuando se realiza un análisis situado de un conflicto armado, la vivencia del mismo difiere entre hombres y mujeres, aunque normalmente se intentan homogeneizar los efectos del mismo.

En realidad, los conflictos armados cuentan con una dimensión de género muy importante y, al respecto, las teorías feministas han realizado aportes trascendentales a las Relaciones Internacionales. La perspectiva feminista ha incorporado las experiencias de las mujeres como objeto de estudio en el Sistema Internacional; sin embargo, se debe reconocer que, muchas veces, estos aportes críticos a nuestra disciplina científica terminan siendo encasillados en determinados “temas sólo de mujeres” como el desarrollo, el tráfico de personas y los derechos humanos, negándoles espacio e importancia en el análisis de la seguridad internacional, el armamentismo o la tecnología, los cuales han sido dominados por hombres.

Para combatir esta exclusión, uno de los principales argumentos en el análisis de la seguridad internacional desde el estudio de las mujeres es que como sujetas sociales “est[á]n implicadas en todas las etapas de los procesos de paz, tanto de prevención como de resolución de conflictos”. Es decir, se concibe que naturalmente la mujer es proclive a luchar por la paz internacional, el desarrollo, la cooperación y la justicia social, debido a que es la extensión del “resguardo de su hogar como madre”. Aunque, por supuesto, esta aseveración también ha sido criticada, porque cae en la asignación de roles de género derivada del determinismo biológico que ha corporalizado a las mujeres históricamente y que, igualmente, ha dominado en el desarrollo de las Ciencias Sociales.

Sin embargo, no se debe negar que la idea de pacifismo asociada al género y al sexo femeninos (promovida por organizaciones internacionales), y la construcción del feminismo pacifista han servido como marco argumentativo para: 1) tomar decisiones con perspectiva de género en espacios de conflicto armado; 2) incorporar acciones que cambien y salven la vida de miles de mujeres; y 3) servir de referencia para la formación de ONGs como la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad y el Grupo de Trabajo sobre Mujeres, Paz y Seguridad. No obstante, también se debe tomar en cuenta que, desde la crítica de otros feminismos como el feminismo de la diferencia, el feminismo negro o el anarcofeminismo, el eufemismo de “la mujer pacifista” es una forma de discriminación positiva y “no constituye una acción inocente, pues facilita la exclusión de las mujeres en la toma de decisiones, privilegiando su situación de sujeto-víctima y consolidando la condición de agente-actor-protagonista de los hombres” [1]. 

En esta línea, cabe mencionar que normalmente se identifica el rol social de la mujer en la guerra como una sujeta pasiva, víctima del conflicto y como asistente y cuidadora del hombre combatiente [2]. Este fenómeno recurrente también es evidente en la película de “Madame Curie”, pues fueron las mujeres enfermeras quienes salvaron miles de vidas durante la Primera Guerra Mundial. Pero, si se analiza desde otra perspectiva, esta escena también muestra el papel activo de las mujeres en los espacios de combate dentro de los conflictos armados y, ante esto, cabría rescatar también la importancia de los aportes de Marie Curie a la Medicina, durante la Primera Gran Guerra, con el diseño de las unidades móviles de rayos X a las que llamó “ambulancias radiológicas”, las cuales salvaron a militares franceses de ser amputados de alguna parte de sus cuerpos.

Finalmente, a manera de reflexión, es cierto que la mujer ha sido víctima de injusticias y crímenes de guerra por su condición de género; sin embargo, es preciso mencionar que no es la única realidad presente en estos escenarios y que reducir las múltiples experiencias de mujeres alrededor del mundo a una sola idea del papel que debe tener la mujer dentro de ciertos escenarios invisibiliza otras formas de resistencia. Además, esto puede promover una imagen de debilidad de la mujer y favorecer la reproducción de aquellos roles de género que perpetúan las relaciones asimétricas del sistema patriarcal. 

En pocas palabras, las mujeres también han fungido históricamente como guerreras, consejeras, proveedoras, cuidadoras, como administradoras sociales y políticas de su comunidad durante la guerra y en la reconstrucción de sus territorios en las etapas posconflicto [3]. Razón por la cual su labor ejecutada dentro de dichas coyunturas debe ser visibilizada y merece un reconocimiento social e histórico que hasta la fecha no se ha otorgado. Este reconocimiento y consideración, sin duda, ayudaría a enriquecer y  precisar los estudios en materia de desarme y pacificación, sin mencionar que generaría un impacto más efectivo en la implementación de políticas en materia de seguridad, pues la incorporación de una perspectiva de género anclada directamente a las experiencias mismas o a conocimientos situados generaría análisis más acertados.


Notas:

[1] Soto Sepúlveda Daniela y Rivas Pardo Daniel. “La mujer como sujeto de protección y de pacificación en la seguridad global: estudio del aporte teórico y conceptual del Gender mainstreaming en las relaciones internacionales”. Revista Científica General José María Córdova, Bogotá, Colombia. Enero-julio, 2017.Vol. 15, Núm. 19, pp. 123-144.

[2] Instituto Español de Estudios Estratégicos. “El papel de la mujer y el género en los conflictos”. Imprenta del Ministerio de Defensa, Madrid, España, junio 2012.

[3] Ibídem.

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