Música clásica: Memoria de las relaciones en el mundo



Leonel Campuzano

leocampr@erreizando.com

Mauricio Lozano 

mauricio.masses@erreizando.com


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“Creo en Dios, Mozart y Beethoven”

W. R. Wagner

Derivado de la complejidad de las relaciones internacionales, es común cometer  el error de olvidar algunos factores que las afectan, tratándolos  como asuntos sin relación con lo que sucede en el sistema internacional. Tal es el caso de la producción cultural de los Estados-nación y otros actores del mundo. Hoy, nos referimos a la música clásica, que  ha sido símbolo de gobiernos, ideales sociales y espacios resistentes.

La música clásica se denomina de tal forma por el periodo en que se escribió y por que  cuenta con una serie de normas específicas para su composición. Generalmente se entiende que fue compuesta en el lapso comprendido entre la Edad Media y principios del siglo XX. En cuanto a la escritura y acomodo de los símbolos musicales, limita la improvisación y ornamentación  en la interpretación. 

La importancia de la música  recae en que es una de las producciones identitarias y culturales apegada al ser humano desde hace miles de años. Su producción ha ido acompañando la historia a través de  diversas etapas y con diferentes funciones, entre las cuales podemos encontrar lo ritual, lo religioso y  lo recreativo. Ha sido,  incluso,  instrumento de los gobiernos estatales, de organismos internacionales y otros actores.

Brevemente, en Erreizando, queremos guiarte por la música clásica que, en algunos momentos históricos, ha sido estandarte para nacionalismos, resaltando su papel legitimador en distintos movimientos identitarios de algunos espacios sociales. Así que veremos cómo este elemento acompañó, por ejemplo, los episodios más violentos de la historia humana moderna, como lo son la Primera y Segunda Guerra Mundial, entre otros. 

En primer lugar, debemos entender que el Estado-nación, para  les internacionalistas,  como ente y concepto  (refiriéndonos a los países),  surgió en 1648 al firmar el tratado que finalizó la Guerra de los treinta años; es decir, la Paz de Westfallia  en Alemania.  Lo anterior permitió a los soberanos europeos determinar al interior de sus territorios y poblaciones cuáles habrían de ser los valores religiosos a adoptar o si existiría una libertad de culto; todo esto, tras los años de dominio e influencia político-religiosa de la Iglesia Católica de Roma y  los posteriores movimientos reformistas protestantes. 

Para Anthony D. Smith “la nación es un ente real que se conforma de las voluntades sociales y se configura por medio de valores identitarios”. Entre los elementos a los que hace referencia el autor  encontramos la música como uno de los más reconocibles, pues abona al entendimiento y reconocimiento de una identidad común en los pueblos dando origen a la nación. 

La idea anterior funciona en dos sentidos: en la primera los valores identitarios que conforman una nación pasan a configurar a los Estados y en una segunda forma en la que la conformación estatal crea tales valores identitarios del que surge entonces la noción colectiva de identidad nacional. 

Del nacionalismo, la música retoma diversos aspectos identitarios que son tomados para producir símiles representados mediante diversas estrategias y herramientas del orden de la creación y técnica musical. Por medio de las composiciones se pretende resaltar las cualidades de lo nacional y esto, a su vez, se traduce de manera especial en un valor de legitimación y poder, no solo al interior de los Estados y en los proyectos de los gobiernos o las demandas de grupos sociales en específico,  sino al exterior de éstos.

Para ejemplificar lo anterior, hacemos un recuento de  artistas cuya música demuestra que no es solo una expresión humana más, sino que, al igual que las otras expresiones artísticas, están ligadas profundamente a su contexto y tienen un propósito social. 

Richard Wagner (1813-1883)

El compositor vivió la Unificación Alemana, la cual fue un movimiento motivado por el gobierno prusiano para unificar los otros estados alemanes. Como resultado de lo anterior, el gobernante prusiano, Guillermo I, se convirtió en el primer emperador alemán y Otto Von Bismark fue el primer canciller.  

El autor tuvo como mecenas al soberano Luis II de Baviera quien construyó el teatro  Bayreuth para la representación de sus obras. El gran compositor alemán recogió en sus piezas operísticas símbolos germánicos incluyendo la mitología nórdica  y prusiana. Su ópera primaEl anillo del nibelungo buscó crear una identidad que los y las alemanas reconocieran como propios.

Nosotros buscamos separar al autor de sus obras para fines de este escrito. Aunque Wagner es uno de los mayores representantes del nacionalismo alemán, como personaje fue controversial debido a sus conocidos sentimientos antisemitas. El nacionalismo alemán no estaba ligado al antisemitismo, aunque hubo personajes quienes hicieron de este pensamiento  una ideología política; tal fue el caso de Hitler, un gran admirador de Wagner. 

Piotr Tchaikovsky (1840-1893)

Este compositor  es uno de los mayores exponentes de la música clásica rusa, la cual es  un elemento representativo de los valores nacionales y que, hasta nuestros días, constituyen  elementos de poder suave como el ballet. Sus obras explotan la idea no sólo del poderío eslavo, sino que configura la clara noción, junto a otros autores contemporáneos, de una alta cultura que tiene relación con la propia concepción de poder. Para el Partido Comunista  del que fueron  parte Lenin y Stalin, la música de Tchaikovsky y otros compositores célebres del territorio, fueron bandera cultural de la ex Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS)  junto a otra de las grandes expresiones asociadas a lo ruso.

Cabe mencionar que estas expresiones comparten con otros  modelos nacionalistas la participación política de los respectivos gobiernos, ya que fueron  incentivadas y patrocinadas por los mismos. Un punto a recordar es que hubo un gran esfuerzo por embellecer las historias personales de los autores; (y otros personajes históricos); Tchaikovsky no fue la excepción. El compositor, por ejemplo, se refería a su orientación homosexual como “su Z” y el propio Stalin pidió a los biógrafos del compositor que eliminaran de sus trabajos tan controversial información para la perspectiva de  aquella época. La información se sabe por documentos recuperados posteriormente entre los que figuraban cartas del propio compositor a su hermano hablando del tema. 

 Guiseppe Verdi (1813-1901)

Vivió un periodo convulso dentro de Europa, ya que las ideas de la Revolución Francesa y las Guerras Napoleónicas provocaron en  todo el continente europeo el despertar de  las ideas nacionalistas, de las cuales  Italia no fue la excepción. A esta etapa se le conoce como la Primavera de los Pueblos.

El gran compositor de óperas, que se consideraba a si mismo italiano, participó activamente en el movimiento nacionalista y su música fue el estandarte del Risorgimento, movimiento de unificación italiana. Como menciona Josep Paul “Verdi no fue un Mazzini, que dedicó su vida a la revolución, pero sí consiguió musicar los anhelos de libertad de un pueblo”.  

Una de sus mayores óperas, Nabucco, obra inspirada en el pasaje bíblico que relata la esclavitud de los hebreos durante el reinado del Imperio Babilónico, estrenada en 1842 en La Scala. No tardó en ser relacionada con la situación italiana y la lucha contra Austria. En el coro “Oh mia patria sì bella e perduta” se volvió el himno no oficial de los revolucionarios

Manuel de Falla (1876-1946)

Si bien no es el compositor más reconocido en el mundo,  en muchos sentidos ha sido infravalorado. Sin duda es uno de los  mayores representantes del nacionalismo  español junto a sus colegas Albeniz y Enrique Granados. La relevancia de la vida de Falla es que en su obra podemos notar, como en otros nacionalismos musicales, que su recorrido de identidad está profundamente marcado por la relación con el folclore nacional y por supuesto el camino de vida recorrido  por el autor.   

De Falla vivió en París desde 1907 y durante un corto periodo de esplendor musical conoció a figuras musicales  tales como Maurice Ravel o Claude Debussy. Mantuvo su residencia en este país hasta antes de la  Primera Guerra  Mundial, que inició en 1914. Por esta razón  Manuel de Falla no sólo se ve obligado a salir de Francia, sino que volvió a  asentarse en España. 

Para Manuel de Falla, la historia que transcurrió  en Europa tras las guerras mundiales, la vivencia de la Guerra Civil Española, e incluso la instauración de la Segunda República y el Franquismo, significaron una posición difícil ya que no se consideró a sí mismo  afín  a ninguna de las ideologías  existentes en ese entonces en España. A pesar de ello, tanto el régimen franquista como el bando republicano pretendieron utilizar, sin éxito, sus obras como legitimadores culturales de sus respectivos movimientos. 

Según Manuel Titos Martínez  “Manuel De Falla abandonó España al terminar la Guerra Civil y se instaló en Argentina hasta el fin de sus días, lo que ha inducido a algunos autores a considerar este viaje como su exilio político”. Sin embargo, el mismo autor comenta más adelante que en realidad De Falla salió de España más por necesidad económica que por una postura política.    

José Pablo Moncayo (1912-1958)

En México, a partir de los gobiernos emanados de la Revolución Mexicana, se produjo  un proyecto  nacionalista  de carácter cohesionador bajo una misma institución política. Con este contexto se desarrolla, en el año de 1941, la obra maestra de Moncayo. “El Huapango”, reflejo de un  ideal nacional sustentado en la cultura prehispánica. 

El Huapango, considerado por algunos como el segundo Himno Nacional, es una pieza sinfónica que tiene como fuente la música popular y folclórica. Es la carta de presentación de la diplomacia musical mexicana.  

Desde la perspectiva del  nacionalismo cultural mexicano se buscó comunicar una imagen de la mexicanidad, definida por la revolución hecha gobierno, tanto así que personajes como José Vasconcelos pensaban que  el arte debía tener una función social.

En cada espacio, los sonidos de la música clásica, si bien instrumentados con los mismos elementos básicos, tienen un sello particular en su composición, sonoridad e incluso la duración de las obras. Es nuestra intención prestar  especial atención al valor del arte, y en este caso de la música, como una producción humana que no sólo expresa emocionalidad sino que es resultado de la conexión específica de sus autores y autoras con su realidad social, económica y hasta política.  Además, hemos visto que estas obras fueron utilizadas como herramientas legitimadoras de gobiernos como el mexicano, de movimientos revolucionarios como el italiano, aglutinantes como el alemán y de poder suave como el ruso. 

En este punto y pensando en todo lo anterior,   queremos presentar a nuestros lectores y lectoras  un evento al que están invitados quienes lean y comenten este artículo en el blog, y concluyan el formulario de Google Forms. Abrimos la invitación, entonces, a quienes deseen escuchar y platicar estos temas en el Internaciochat abierto junto al pianista Cristian Rodríguez, el próximo Sábado 19 de diciembre de 2020 a las 7pm.  Ahí escucharemos un poco de música y podremos  preguntar y comentar, junto con la importancia de la vida cultural y, en este caso, de la música clásica para la vida de las relaciones internacionales y nacionales de los países.


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