
En los últimos meses, ¿has hecho más compras electrónicas a través de las plataformas como Amazon, Mercado Libre, eBay u otras? O, tus tiendas favoritas, ¿han realizado diversas ofertas para que compres sus productos a través de internet?
La pandemia del coronavirus ha generado una situación de cambio extraordinario en la sociedad internacional y sus dinámicas. La emergencia sanitaria, al limitar la interacción social, y obligarnos a quedarnos en casa, impulsó la tendencia a comprar en línea en medidas nunca antes vistas. Un ejemplo de esto, es que, tan solo en el segundo trimestre del año, el gigante del comercio online ‘Amazon’, incrementó la venta de productos para hacer ejercicio en un 3000% (Crónica Global, 2020). El contexto actual y la variedad de productos que ofrecen plataformas tan conocidas como Amazon, garantizan el éxito o ‘boom del comercio electrónico’, también conocido como: e-commerce.
Las compras en línea son un fenómeno que, si bien ya llevábamos a la práctica desde tiempo atrás, con la pandemia aumentó exponencialmente a partir del deseo y la necesidad de comprar a través de plataformas digitales. El consumo electrónico en tiempos del coronavirus se ha vuelto más vital que nunca para que la economía global siga marchando, teniendo como objetivo principal, preservar el derecho a elegir y comprar. Dicho lo anterior, el ‘boom’ del e-commerce fue la respuesta inmediata a la serie de restricciones mundiales en cuanto a las compras físicas; sin embargo, está previsto que se abra paso al triunfo definitivo de la economía de los datos, menos retail y más catálogo en línea, menos carrito y más delivery. (Enrico, 2020)
Si bien, el e-commerce ha facilitado la adquisición de productos sin tener que salir de casa y arriesgarse a un contagio, también afecta a la dinámica tradicional de interacción social e impulsa la adicción a comprar todo desde nuestros ordenadores. La cuarentena suspendió la posibilidad de llevar a cabo estos procesos de convivencia en los espacios públicos físicos, y ha conducido a que las personas hagan un gasto constante y a veces desmedido de sus ingresos en las compras electrónicas. A pesar de ello, una de las grandes ventajas que ha traído el e-commerce es que hay un mayor acceso a aquellos productos que ayudan a que el confinamiento en casa sea más ameno. Ejemplo de ello es el incremento en la compra de productos de fitness, materiales para crear artesanías e inscripciones a cursos online. Por lo tanto, todas estas tiendas virtuales se pueden considerar un motor para que ocupemos nuestro tiempo activamente en diversas actividades de interés.
Económicamente, el e-commerce se benefició ampliamente por la cuarentena mundial -, en comparación a otros sectores económicos, – ya que, a nivel internacional, ha sido la mayor fuente de ingresos. A pesar de ello, los retrasos temporales para las entregas han sido un efecto negativo que limita el correcto funcionamiento de esta actividad económica, y se relaciona con la saturación en los centros logísticos (servicios de mensajería, locales, tiendas), en las redes de transporte y la falta de personal para realizar las entregas. Para darle solución a este problema, es muy común encontrar una gran difusión de avisos online de reclutamiento para ser mensajero, lo que puede ser una alternativa para ganar dinero en estos tiempos.
En el ámbito de la cultura, desde hace años el e-commerce tuvo un impactante éxito al convertirse en una estrategia esencial en la venta para eventos masivos como conciertos, espectáculos, funciones de teatro, cine, etc. Sin embargo, con el coronavirus, se vio muy afectada y difícilmente ha logrado mantenerse en pie. La cultura, claramente tendrá que depender en gran medida del e-commerce para promover sus eventos cuando la pandemia se haya contrarrestado y los gobiernos del mundo decidan normalizar las actividades públicas para el entretenimiento.
Desde la perspectiva de las relaciones internacionales, se puede ver la vinculación del e-commerce con el coronavirus y los diversos efectos que tiene en la sociedad internacional y no solo en el ámbito económico. No hay duda de que esta actividad comercial saldrá fortalecida de la crisis porque las personas posiblemente cambiarán sus hábitos de consumo, de interacción y las empresas aprovecharán este contexto inusual para repensar el alcance de sus ventas a un mayor público, a través de las plataformas digitales. La sociedad, la cultura y la economía son las esferas que han hecho más visible este fenómeno. Queda claro entonces, que el comercio en línea se constituye como una fuerte fuente de ingresos a nivel global a partir de la pandemia, lo que, a su vez, está cambiando nuestra forma de comprar y vivir. Por ello, sus efectos trascienden el análisis económico del mismo.
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