
Con la llegada del COVID-19 y el aislamiento social, los dispositivos electrónicos se han convertido en una herramienta que impide que caigamos en soledad absoluta. Definitivamente la gente ha podido mantener contacto inmediato a través de redes sociales como Facebook, WhatsApp, Telegram e Instagram, por mencionar algunas de las más conocidas; sin embargo, otras aplicaciones que han sido protagonistas en la vida social de las personas durante este confinamiento han sido las aplicaciones (apps) dedicadas a concretar citas entre personas.
Tinder es la app más reconocida dentro de esta rama, ya que tiene la dinámica de facilitar el acercamiento y las citas entre personas que estén dentro de una proximidad geográfica y que, en teoría, se atraigan mutuamente. A través de un sistema de “swipes” garantiza que quienes interactúan se hayan atraído; lo que significa que si una persona aprueba a otra deslizar su perfil a la derecha o, de ser lo contrario, a la izquierda. En caso de que ambas personas se aprueben, la aplicación marca un “match” para que estos perfiles puedan iniciar una conversación y, en un escenario ideal, llegar a conocerse físicamente.
Ahora, con una pandemia que nos obliga a tomar medidas de aislamiento, la aplicación ha atravesado fronteras al mismo tiempo que nos incentiva a permanecer en casa. Esto lo logró con la estrategia de habilitar la función de “Tinder Passport” de manera gratuita para todxs lxs usuarixs; consiste en que el usuario puede especificar su localización en cualquier parte del mundo y el algoritmo seleccionará perfiles compatibles al suyo, en el país que se haya elegido.
Con este plan, Tinder incrementó considerablemente su número de usuarixs, sobre todo lxs menores de 35 años, a pesar de sólo haber estado disponible desde el mes de marzo hasta el 30 de abril del 2020. También registró un aumento del 26% en la duración de las conversaciones y logró que miles de personas experimentaran la sensación de salir y estar acompañadxs gracias a las herramientas tecnológicas que favorecen la intercomunicación, desde los mensajes de texto hasta las videollamadas grupales.
Más allá de ser distracciones para los problemas que nos acontecen, es interesante analizar la implicaciones que conlleva la intermediación de estas aplicaciones para que sucedan otro tipo de relaciones socioafectivas. Por un lado, se ha hablado de una transformación –o distorsión– de las formas en cómo nos relacionamos amorosamente. No obstante, como bien ya lo han mencionado autores como Zygmunt Bauman, esto responde a todo un sistema de consumismo –más que de consumo– cada vez más globalizado en el que se hace una “mercantilización” de todo aquello relacionado con el amor.
Esta mercantilización se puede observar, por ejemplo, en la modalidad de catálogo en el que las personas pueden elegir con quién relacionarse, como si se eligiera un par de zapatos en línea. Para que estas relaciones no se queden en sólo un “match” o un “like”, las mismas aplicaciones de citas u otras como Zoom o Skype, se encargan de ofrecer a los usuarios las herramientas para que las relaciones perduren desde la misma modalidad virtual a pesar de encontrarse en distintos países, facilitando que exista una relación amorosa como las conocemos tradicionalmente.
Estas aplicaciones mantienen interconectadas a las personas de cualquier continente, respondiendo al efecto de la globalización. No obstante, al enfrentarnos a una pandemia, esto termina siendo no más que una ilusión de cercanía con las personas. Los viajes internacionales se han visto severamente perjudicados, limitando las posibilidades de que se conozcan dos personas que se han enamorado a través de Tinder Passport, provocando que su intimidad se desarrolle únicamente a través de la pantalla.

La intimidad, así como las relaciones socioafectivas, puede ser sustituida dentro del mundo virtual por prácticas como el “sexting”, lo que significa compartir videos o fotografías personales de contenido sexual explícito a través de las redes sociales. Al ser subidos a la red, quien lo envía pierde su autoría sobre el contenido, lo cual ha traído muchas consecuencias para las personas y sobre todo para las mujeres, haciéndolas víctimas de extorsión o de difusión de sus fotografías o videos sin su consentimiento. Para ello, algunos países ya han tomado medidas sancionatorias y se ha tenido un debate al ver que muchos adolescentes menores de edad incurrían en estas prácticas. Sin embargo, no todos los países tienen estas medidas aún, o apenas las han implementado, como es el caso de México, que hasta el año 2019 fue aprobada la “Ley Olimpia”, la cual se encarga de sancionar los delitos que violen la intimidad sexual de las personas.

Las nuevas formas de convivencia a las que nos orilla la pandemia han sido fáciles gracias a la tecnología y su globalización. Asimismo, acelera que la sociedad se encuentre cada vez más interconectada tecnológicamente en todos los aspectos; tanto en lo económico como en lo afectivo. Esta interconexión hace que deban estudiarse las implicaciones de una sociedad con menos contacto físico, pero con otro tipo de problemáticas virtuales, que atraviesan las fronteras y requieren de una unión internacional con acuerdos que protejan a lxs usuarixs.
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